No todos los niños y adolescentes aprenden igual. Claves para entender su forma de aprender
- Javier

- hace 3 horas
- 3 Min. de lectura
Aprendizaje: ¿Por qué algunos necesitan más tiempo o métodos distintos?
En casa o en el aula es habitual escuchar frases como estas:
“Si su hermano lo entendió rápido, ¿por qué él no?”
“Estudia mucho, pero los resultados no reflejan el esfuerzo.”
Detrás de estas situaciones hay algo fundamental que a veces olvidamos: el aprendizaje no es igual para todos.
¿Qué es realmente aprender?

Aprender no es solo memorizar información. A nivel neurocognitivo, el aprendizaje implica que el cerebro realiza una serie de procesos complejos:
Recibe información a través de múltiples canales.
La procesa ordenándola y clasificándola.
La comprende, dotándola de significado.
La relaciona con conocimientos y experiencias previos.
La almacena de forma progresiva en la memoria.
Y, finalmente, reestructura mecanismos cognitivos para poder recuperarla cuando la necesite utilizar.
Por ejemplo:
Un adolescente puede estudiar los ríos de un mapa de Europa. Lee los nombres, los repite varias veces y cree haberlos aprendido. Pero al día siguiente, frente al examen, no logra ubicarlos correctamente.

¿Qué ocurrió?
Probablemente la información no se consolidó de manera significativa (repetir no es aprender). Tal vez necesitaba dibujarlos, relacionarlos con colores, explicarlos en voz alta, dividir el mapa por zonas o exponer lo aprendido con el mapa delante.
Aquí surge una pregunta clave:
¿Todos procesamos la información de la misma forma?
La respuesta es no. Y esta diferencia lo cambia todo.
Diversidad cognitiva: cada cerebro tiene su propio camino
La diversidad cognitiva significa que no todos aprendemos igual porque no todos procesamos igual. Y esto no es una desventaja, es una oportunidad de conocerse y desarrollar habilidades.
Algunas personas aprenden mejor escuchando, otras leyendo, otras viendo esquemas o manipulando material.
Un modelo sencillo para entenderlo es el Modelo VARK, que describe cuatro estilos predominantes:
Visual: aprende mejor con esquemas, mapas mentales y colores.
Auditivo: comprende mejor escuchando explicaciones o hablando en voz alta.
Lectura/Escritura: prefiere textos, resúmenes y listas.
Kinestésico: necesita experimentar, practicar y manipular.
Esto no significa que una persona solo tenga un estilo, sino que puede tener preferencias que facilitan el aprendizaje. Cuando un niño necesita más tiempo, a veces no es falta de capacidad.
Es posible que el método no esté alineado con su forma de procesar la información. Ahí es cuando, conociéndolo, podemos intervenir para mejorar el aprendizaje.
¿Qué supone esto para familias y docentes?
Supone cambiar la mirada.

Estrategias inclusivas que ayudan
Dividir la información en partes pequeñas.
Utilizar apoyos visuales, o mejor aún, crearlos con la colaboración del niño.
Asociar conceptos con imágenes o ejemplos cotidianos para buscar comprensión y aplicación.
Permitir que expliquen en voz alta lo aprendido. Transmitir lo aprendido fortalece el concepto estudiado.
Usar mapas, dibujos o esquemas con participación activa.
Alternar tiempos de trabajo con pausas breves que permitan asentar conocimientos.
“Pequeños ajustes pueden marcar una gran diferencia.”
Cuando el aprendizaje presenta dificultades
Hay ocasiones en las que las diferencias no solo son de estilo, sino que pueden indicar dificultades de aprendizaje.
Señales de alerta:

Necesita mucho más tiempo que sus compañeros para tareas similares.
Dificultades persistentes en lectura, escritura o cálculo.
Olvida con facilidad lo trabajado.
Evita tareas académicas de forma constante.
Frustración elevada o baja autoestima asociada al estudio.
Dificultad para mantener la atención incluso con apoyo.
Detectar estas señales no debe generar alarma, sino oportunidad de intervención temprana. Con apoyo adecuado, muchos niños y adolescentes pueden desarrollar estrategias eficaces y recuperar la confianza en su capacidad.

Si notas que tu hijo, hija o alumno necesita más tiempo o métodos distintos, no lo interpretes como falta de esfuerzo.
A veces solo necesita un enfoque diferente para regular su modo de aprendizaje. Y en otros casos, puede necesitar orientación profesional especializada para compensar sus dificultades.
Consultar con un especialista no es etiquetar, es abrir posibilidades.
Una intervención adecuada puede transformar la experiencia de aprendizaje y mejorar no solo el rendimiento académico, sino también la autoestima y la motivación.
En APRes podemos ayudarte a valorar el perfil de aprendizaje y acompañar el proceso desde una mirada integral del neurodesarrollo y la salud mental. Contamos con un https://www.apres.es/curso-tecnicas-estudio-aprendizaje y otro de orientación profesional, que estamos seguros que pueden ser de ayuda. Estamos aquí para ayudarte.































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